Efectivamente, así es. La publicidad es todo un arte, un arte y un negocio que mueve cada año miles de millones de pesetas, unas veces para bien y otras para no tan bien. El caso es que, como casi todo en esta vida, se trata de un sector en el que uno puede encontrarse practicamente de todo, desde profesionales de prestigio que realmente conocen el mercado y que realmente saben qué hacer, hasta personas con un listado de títulos más largo que las páginas amarillas y con una prepotencia que llega a superar algunos límites.
Lo cierto es que en este sector tan competitivo hay que luchar constantemente con unos y con otros, para poder estar siempre en lo que llaman la cresta de la ola y para seguir innovando y creando cosas nuevas. ¿No dicen que todo está inventado ya?
El caso es que, a pesar de mi corta experencia en el sector, cada día que pasa soy más consciente de la realidad del mundo publicitario: la imaginación no se paga con ningún título y el trabajo duro es lo que realmente puede convertir a alguien en lo mejor que se puede ser; un profesional.
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